¿Viajar solo o acompañado?

La decisión de si lanzarse a la aventura de viajar solo o acompañado es un dilema, al menos para mí que no tengo pareja. Además, ¿te pasó alguna vez de viajar con alguien que te llevas bien y en viaje se llevaron fatal? No todas las relaciones que funcionan en la quietud lo hacen en movimiento y tantas decisiones que tomar a veces afecta el curso de ambas partes.

Soy de las que cree firmemente que mejor sola que mal acompañada. Y mal, no significa que la otra persona no vale nada, sino que no conjuga armoniosamente contigo. Pero es difícil saberlo sin probar y siempre hay que ajustarse un poco al principio, sobre todo si uno no está acostumbrado a ceder un apéndice (nos suele pasar a los que viajamos solos desde hace un tiempo). Una discusión cada tanto no es sinónimo de que no sirven para viajar juntos, pero sí de que habría que hacer ajustes.

Estuve todo el último año pensando mucho sobre el viaje de a dos. Soy una persona particularmente difícil para viajar con alguien más y estoy muy acostumbrada a tomar todas las decisiones. Lo bueno, es que no soy rígida y si el otro quiere hacer algo que yo no, nos separamos unos días sin problemas (¡después tendremos algo que contarnos!).

Pero comencemos por el principio, ¿cuáles son los pros y contras de viajar solo o acompañado? Les cuento los míos y la experiencia de Maru: otra viajera a tiempo completo que hace años que viaja con Nico, su pareja.

MI EXPERIENCIA SOLA Y ACOMPAÑADA

Pros y Cons de viajar solo

Mis pros de viajar en solitario son seguramente los que se imaginan. Puedes tomar las decisiones que quieras sin que nadie te lo discuta. Si quieres quedarte en la cama es tu decisión; si quieres viajar temprano o comer aquí o allá, también. No debes consultarlo con nadie. Es fácil sociabilizar y hacer nuevos amigos e incluso la gente te incluye mucho más rápido. Es más fácil que te ayuden si estás solo en caso de necesitarlo y también tener tus momentos de silencio y soledad.

Lo que no me gusta es que de repente ves algo increíble y quieres compartirlo, pero estás solo. En la cámara el momento no saldrá como lo sentiste. De alguna forma sientes que se pierde, aunque te hace pensar mucho sobre lo que significa el ahora. Por otro lado, en los momentos malos que te ponen de mal humor es muy difícil retornar a una mente positiva. Hace falta una mente muy controlada y consciente, en el ahora. A mí personalmente me cuestan mucho las fronteras y tengo que hacer un esfuerzo enorme para reírme sola en una situación tensa en vez de pasarla mal.

Acampando sola en Guyana francesa en video.
Pros y Cons de viajar acompañado

En cambio, cuando estoy acompañada de una persona con la que me llevo bien, ese cambio de humor sucede automáticamente. O al menos no me pongo de mal humor. Me tomo la situación con mucha más tranquilidad e incluso soy capaz de reírme. No siempre, pero en general sí. Tener un compinche lleva a tornar una situación mala en una ridícula de la que hablar, o al menos te distrae.

Cuando estás bien y vives un momento increíble acompañado, se potencia y puedes revivirlo y volver a sonreír cada vez que hablas del tema. “¿Te acuerdas el atardecer sobre el Bromo en julio?”, y tu amiga agrega el dato de la neblina matutina que te traslada sobre la montaña. A veces el presente es compartir un hecho pasado con alguien, y eso es muy lindo. También el vínculo que se crea con el otro.

Lo que me cuesta un poco de viajar con alguien es lo usual. No me preocupa quién lidera el equipo, ni ir cambiando, pero sí cuando no podemos llegar a una decisión de “lo hacemos a tu forma” o a la mía. Cuando ninguno de los dos quiere imponerse y eso lleva a indecisiones creo que es casi tan malo como cuando uno quiere imponerse todo el tiempo. Una buena relación trata sobre un balance y que cada uno sepa y haga aquello que le sale mejor. También sobre ceder. Si yo planeé toda la ruta de Marruecos, planea tú la de Senegal y me atendré a ella.

Pero los balances a veces son difíciles. Hay días que uno quiere acampar y el otro sólo puede pensar en una cama y una ducha caliente, otros en los que no se está de acuerdo en la ruta o que te comienzan a molestar pequeñas cosas que antes no notabas. Quizás es tiempo de unas vacaciones del otro para despejar la mente y volver con energía renovada. “Dos semanas cada uno por su lado y nos encontramos en tal capital tal día. ¿Te parece?”, a veces sirve mucho.

Decidir viajar solo o acompañado y que funcione depende de ti, de la persona, del esfuerzo que hagan y las circunstancias. Para mí es importante la comunicación sin tomarse todo lo que dice el otro como una ofensa, escuchar, estar orientado a la búsqueda de soluciones, el apoyo emocional mutuo y funcionar como un equipo. También la confianza y la posibilidad de tomarse unas vacaciones de la pareja (amorosa o no) sin que eso signifique caer en el drama.

En conclusión, pienso que hay un momento y un lugar para cada cosa y de ambas se aprende. Tanto viajar sola como acompañada me encantan dependiendo el cómo, el cuándo y con quién. Aprender a tomar esa decisión es la tarea difícil y aprender a ser feliz con los pros y cons de lo que uno decidió.

¿Y tú qué piensas? ¿Cómo vives el viajar solo y acompañado?

Con Tati de Caminando por el Globo recorriendo Paraguay (tienes los vídeos en Youtube y en los post de Paraguay).

VIAJAR SOLA O ACOMPAÑADA POR MARU MUTTI (Bitácora viajera)

Mi primer viaje sola lo hice en 2011 y fue una experiencia que me encantó. Viajé a Europa (primera vez sola, primera vez cruzando el charco) por 35 días y sinceramente, me enamoré de esa forma de viajar. Un año más tarde, me animé a más y me fui de viaje por 6 meses. Esta vez el desafío fue completo porque no solo decidí descubrir un continente para mí desconocido, como lo era Asia, sino que mi primer destino fue Nueva Delhi, India, una ciudad y un país que te ponen a prueba a cada paso.

En mi primer viaje, mi mayor miedo no era si me iba a pasar algo, era aburrirme. Tenía pánico a no saber convivir conmigo, a no saber divertirme conmigo. Y aunque la realidad es que viajando sola solo estuve sola cuando quise estarlo, muchísimas veces lo deseé (y lo hice, claro está). Viajar sola me dio libertades que nunca antes había tenido. Aprendí muchísimas cosas sobre mí y sobre mi forma de ser, cosas que no siempre me gustaron pero que aprendí a aceptar y a trabajar para mejorarlas. Aprendí a relacionarme con la gente de manera diferente, a estar más atenta y también a confiar mucho más en los otros, pero también en mi instinto. Respeté las decisiones que tomé y aprendí equivocándome. Crecí mucho, personal y mentalmente.

Después de aquel viaje de 6 meses, volví a Argentina y me enamoré. Conocí a Nico y no nos separamos más. Tengo la suerte de que compartimos las mismas ganas por conocer el mundo y en 2014 dejamos todo lo que teníamos en Buenos Aires para empezar a vivir nuestra vida de viaje. Si antes pensaba que había tenido desafíos grandes, éste era todavía mayor. No estaba yéndome de vacaciones por 15 días, estaba adoptando un estilo de vida diferente en el que iba a pasar 24 horas al lado de otra persona.

Fue como aprender a viajar de nuevo. Viajar sola tiene sus mañas (y él también había viajado solo ya, por lo que también tenía las suyas) y los dos tenemos gustos e intereses distintos. Pero la clave es buscar un equilibrio. Estar en pareja es también que esa otra persona sea tu amigo, tu compañero. Y creo que eso es clave.

Así como viajando sola aprendí a respetar mis tiempos y a estar conmigo misma, hice lo mismo con él. Entendimos que los espacios individuales son muy importantes, pero que además son necesarios. Tener un tiempo para cada uno es fundamental. También aceptar que no a todos nos gustan las mismas cosas y que porque estemos viajando juntos, no significa que todo lo tenemos que hacer de a dos. No nos obligamos a hacer cosas que no nos interesan, que no nos suman. Pero tampoco impedimos que el otro lo haga si tiene ganas. Todo tiene que tener un balance.

Si me preguntasen si es mejor viajar sola o viajar en pareja, no puedo elegir ninguna de las dos formas. Ambas me gustan por igual y te enseñan por igual. De una forma aprendés a convivir con vos mismo, de la otra forma aprendés a convivir con otra persona. De las dos maneras aprendés a ser más tolerante y respetuoso. Viajar sola es algo que me encanta y que realmente creo que es una experiencia que hay que tener una vez en la vida. Pero viajar en pareja te da muchas otras cosas hermosas, entre ellas, la felicidad de saber que cuando algo te pasa, bueno o malo, siempre vas a tener alguien a quien querés para compartirlo.

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4 comments

  1. Muy buen articulo. Las dos son buenas experiencias. Te felicito por el coraje y el no tener miedo.- Saludos desde Paraná Entre Rios. Mi duda es en que irme, a dedo, en bici, moto, auto o motorhomne»»»»»

  2. Muy interesante, el articulo.
    Me gusta como lo planteas y para mi si que depende, de la otra mitad con la que compartes el viaje, ya que puedes ser muy buenos amigos y/o pareja, pero ademas a que “ vibrar” en la misma sintonía, y en el mismo momento.
    Creo que lo ideales es combinar las dos formas, pero si puedes viajar con tu amor y congenias pues tiene que ser maravilloso.

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