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Tai’an y el Tai Shan, la montaña más sagrada de China

Me tomé el tren rápido desde Beijing hasta Tai’an.  Llegué a la estación con la mochila grande a cuestas, casi sin poder caminar y sin ninguna idea de cómo llegar al hostel que me indicaba mi libro. Nadie hablaba inglés y nadie me entendía. Ésta fue la primera vez que me sentí desamparada. Veinte minutos de un lado al otro sin saber qué hacer y de repente veo un occidental. Salí corriendo a su encuentro con una enorme sonrisa, veía en él a un salvador. Esto es algo que me pasa cada vez que veo a alguien “de mi lado del mundo”. Simplemente sonrío y me siento un poco más a gusto. Por suerte no salió corriendo. Si no me ponía a llorar ahí mismo.

Hablaba inglés pero no chino así que no fue de mucha ayuda excepto porque llamó a una señora de aspecto ejecutivo que era china y se estaba subiendo a un auto. Vino a mi encuentro a pesar de la insistencia del hombre que tenía a su lado, aparentemente estaban apurados. Durante cinco minutos hizo de intérprete entre los chicos de la estación y yo. Me dijeron que me tome un taxi, que no pagara más de 30 yuanes y que iba a tardar cerca de 30 minutos. Antes de irse me aconsejó no dejar mi mochila en el baúl del auto porque si quería que le pague más dinero podía agarrar mis cosas rápido, darle 30 yuanes e irme.

Los chicos de la estación pararon un taxi por mí mientras me pidieron, con señas, que por favor me tomara una foto con ellos. La primera vez de muchas en Tai’an. Cuando no te piden una foto te miran como si fueras de Marte. Aparentemente acá sólo tienen turismo interno y yo soy como una especie de animalito simpático exótico. Y ni te cuento si sos rubio. Me divierte mucho la idea.

El taxi me dejó sobre la cuadra a la que tenía que ir pero no en el hostel. Intentó llamar pero no le atendieron y la barrera del idioma lo venció por lo que me dejó tirada en una de las puertas del templo de Dai. Me sentía tirada literalmente. Me enojé con mi libro guía y le impartí mil improperios. Libro de porquería que no me estaba ayudando en nada.

Comencé a caminar y le pregunté a las personas por un lugar para dormir. Ponía mis manos debajo de mi cabeza inclinada como fingiendo que dormía mientras señalaba el nombre del hostel en el libro. Un señor me llevó a un petit hotel unos metros más allá. Una chica muy simpática me ofreció unas habitaciones demasiado caras. Luego de un rato terminó ofreciéndome otra con baño compartido por 60 yuanes.

Aparentemente el hostel al que quería ir tiene habitaciones de muy bajo nivel no apropiadas para una chica joven. Pasamos la siguiente hora y media intentando hacer el check-in y llenar un formulario de inmigración de una carilla. Ella no hablaba inglés pero usaba un traductor en la PC y me mostraba el monitor mientras se disculpaba a cada rato por no poder explicarse en otro idioma. No sé si usaste alguna vez un traductor chino-inglés. Los que tienen acá no traducen tan bien por lo que era sumamente difícil. Por suerte me entendía perfectamente las señas que le hacía.

Finalmente subí a la habitación. Dos camas muy limpias con acolchados esponjosos, pava eléctrica, un aire y una televisión que no iba a usar. Linda, luminosa y limpia. Me tiré a dormir una horita feliz.

Mi decepción fue a la hora de ir al baño.  La ducha era de uno por uno y si abrías la puerta entrabas en la cocina. El inodoro… no había. Era de esos que están en el suelo y tenías que ir al baño en cuclillas como cuando estás en el medio del campo. La limpieza dejaba mucho que desear. Me aguante lo que pude hasta que tuve que usarlo. Intenté cada día no tomar mucha agua para no tener que ir más de una vez al baño.

Un amigo brasilero me había contado de estos inodoros pero pensé que sólo pasaba en el campo y Tai’an es una ciudad de más de 5 millones de habitantes. Una vez más me sentí como una tonta citadina un poco nariz parada mirando con temor un hueco en el suelo. Ahora lo pienso y me río de mi misma. Este viaje me va a cambiar la perspectiva del mundo. Un simple inodoro chino ya lo hizo.

Caminando por la ciudad me encontré con una esquina repleta de chicos con uniforme escolar y un callejón muy angosto con carritos de comida. Hacia el final sólo había casas pobres y edificios viejos. Cada tanto veía una puerta abierta con gente trabajando dentro. La mayoría cocinando. Me llamó la atención una pareja haciendo una especie de masa de panqueque enorme. Una señora anciana me dejó sacar una foto y con señas me señaló que esperara allí. Arrancó un pedacito a aquello que estaban cocinando para que probara. No tenía casi sabor. Me hizo acordar a lo que te dan los curas en las iglesias católicas. Nunca recuerdo su nombre.

Al final me encontré con una avenida enorme con edificios muy modernos. También había un río con un mercado de comida de un lado y de chucherías del otro. Ya no sabía que comer y estaba un poco harta de la comida de la calle así que compré un pomelo gigante. De camino al hotel pasé por un Mc Donalds y pedí un helado. El más barato cuesta solo 3 yuanes.

La diferencia de precios en la comida con Buenos Aires es enorme. No entiendo como nuestro país que tiene tantas tierras fértiles puede ser tan caro. No puedo evitar pensar que en el mundo damos demasiado valor a cosas que nadie necesita realmente. Las cosas esenciales para vivir deberían ser las que importan.  Quizás es necesario llenarnos de computadoras, joyas y cosas eléctricas para que la gente tenga trabajo. No hay suficiente trabajo en el campo para todos. Quizás inventamos este mundo ficticio por eso. Porque la población cada vez crece más. Quizás. De nuevo viene a mi mente el cuento de Italo Calvino en el que, por un segundo, se da cuenta que nada tiene sentido.

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Escolares dirigiéndose a los puestos de comida.
centro de Tai’an Tai Shan China
La parte nueva de la ciudad.
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Puesto callejero. A todo le ponen picante.
mercado Tai’an Tai Shan China
Venta de frutas.
parque Tai’an Tai Shan China
A un lado venta de frutas y verduras.  Del otro, puestos de animales vivos, ropa y diversos juguetes de plástico.
cómo ir a Tai’an Tai Shan China
Este galpón alberga todo tipo de puestos de comida. Desde frutas, verduras, pan, pescado, carne y especias hasta platos ya cocinados.
qué ver en Tai’an Tai Shan China
Mercado.
qué hacer en Tai’an Tai Shan China
Puesto de carne.
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Masa fina.

QUE VER EN TAI’AN

Recomiendo caminar por ahí y perderse en sus calles estrechas. Cerca del Templo de Dai es la parte más bonita a mi gusto.

TEMPLO DE DAI (庙,岱廟,dài miào)

El Templo Dai está dedicado al Dios del Monte Tai (Tai Shan). Se encuentra en el centro de la ciudad, al pie del Tai Shan. Funcionaba tanto como lugar de descanso como para sacrificios a su dios. Fue construido en la dinastía Qin como una réplica del palacio imperial. Se amplió considerablemente durante las dinastías Han, Tang y Song.

En sus 96´000 m² de parque, invernaderos y templos se alojan cipreses con más de 2’000 años de antigüedad (Dinastía Han). En su parque se encuentra otro tesoro cultural de la antigua China: el Bosque de la Estela. Se trata de una colección de estelas y tabletas de piedra provenientes de diferentes  dinastías que exhiben el arte de la caligrafía antigua. Abarcan más de 2’000 años desde la dinastía Qin hasta la Qing.

El edificio principal, Salón de la Bendición Celestial (Tian-Kuang), es una de los edificios palaciegos de China junto al Salón de la armonía suprema (Ciudad Prohibida – Pekín) y el Salón de la gran realización (templo de Confucio – Qufu).

Está repleto de estudiantes de arte practicando con lápiz en mano, de grupos haciendo Tai Chi Chuan y de gente que va a descansar y pasar un buen rato en su parque. También se llena de turismo interno y chicas que no paran de sacarse fotos en cada rincón del templo. Así y todo sigue siendo un lugar tranquilo para caminar o tirarse un rato al sol disfrutando de sus flores.

Monte Dai Tai’an Tai Shan China
Grupo practicando Tai Chi
BeijingBW 232
Estudiantes de arte.
templo Dai Tai’an Tai Shan China
Entrada al templo.
Dai temple Tai’an Tai Shan China
Turistas sacando la típica foto con brazos abiertos.
Tian-Kuang Tai’an Tai Shan China
Salón de la Bendición Celestial (Tian-Kuang).

EL TAI SHAN O MONTE TAI (泰山)

Es la montaña más importante de China entre las 5 sagradas para el budismo y el taoísmo. Las 5 montañas forman una cruz en cuyo centro está el monte Songshan con el Templo Shaolin. El punto de entrada para poder ascender al Tai Shan está en la ciudad de Tai’an (provincia de Shandong). La llaman “la primera bajo el cielo” y es destacada por sus paisajes y el arte que contiene su camino. Se creía que mientras esta montaña estuviera estable los cuatros mares que la rodean no serían una amenaza para el país.

Fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1987 debido a sus templos, palacios, estatuas e inscripciones con valor artístico, histórico y religioso. Tiene una altura de 1’545 metros y 6 mil escalones para llegar a su cima. Se puede ascender caminando o por medio de un colectivo y un teleférico. Muchos peregrinos suben a pie. Se puede ver incluso ancianos caminando lentamente cuesta arriba con sus bastones.

Para entrar al circuito te cobran un precio diferencial según la temporada. En temporada alta me costó 127 yuanes (precio a Abril del 2013).

Me tomó tres horas y media llegar a la cima a pie. No estaba enterada del teleférico al que seguro me hubiera subido de saber que era tan duro el camino. Hacía un día atrás había vuelto de un trekking en la Gran Muralla por lo que estaba agotada.

No hubiera llegado a la cima de no ser porque un nuevo amigo me ayudó con mi mochila y me insistió para que subiera. Era el mismo que me pidió permiso para sacarse una foto conmigo en el Templo de Dai. Esta vez me reconoció y enseguida sacó la cámara para mostrarme nuestra foto. A lo largo del camino, y a pesar de mi insistencia en que no me comprara nada, me regaló una pulsera, un choclo y una botella de agua.

Llegamos a la mitad y me puse contenta porque pensé que habíamos llegado. Cuando me mostró el tramo empinadísimo que faltaba lo miré con desconcierto moviendo la cabeza de un lado al otro. No había forma de que quisiera llegar hasta allá arriba. Pero me tomo del brazo y me insistió para que subiera. No hablaba inglés e hizo como si no me entendiera las señas. Ok. Un par de escalones más… descansaba unos segundos cada diez escalones.

Llegué a la cima y me enteré que había un teleférico que usé para bajar hasta la mitad de la montaña (100 yuanes sólo la bajada). Luego me subí a un colectivo (bus – 30 yuanes) y de nuevo a la ciudad. No soy creyente de una religión específica, ni me genera una gran satisfacción llegar a un lugar de la forma más difícil por lo que me sentí un poco tonta al no enterarme antes de su existencia. Pero de no haber subido caminando no me hubiera encontrado con mi nuevo amigo y hubiera sido mucho menos especial el trayecto. Todo pasa por algún motivo. Me estoy volviendo más creyente de esta frase poco a poco.

entrada Tai’an Tai Shan China
Una de las puertas de ascenso al Tai Shan. A la derecha hay un auto de tres ruedas. Son muy usados en todo China.
precio Tai’an Tai Shan China
Cuando juntan dos candados con sus nombres en chino y los enlazan es porque generalmente son personas enamoradas y creen que eso les asegura que van a estar juntos por siempre.
Pingyao 148
A lo largo del ascenso hay tiendas y vendedores ambulantes ofreciendo incienso entre otras cosas.
subir al Tai’an Tai Shan China
La moneda debe mover la campana y entrar. También encontrás personas tirando monedas en las fuentes.
Pingyao 163
Aquí queman incienso y hacen reverencias, luego se dirigen dentro del templo.
Pingyao 167
Prendiéndolo antes de colocarlo en su lugar.
templo Tai’an Tai Shan China
Reverencias.
Pingyao 242
El hombre se reía porque quería sacarle una foto a su mano.
Pingyao 159
La gente va colgando cintas rojas en los árboles para la buena suerte o el matrimonio. En año nuevo chino se pone un deseo en esas bolsitas y se atan a los árboles para que se cumplan. Mientras más alto mejor.
Pingyao 178
Figuras de reverencia en uno de los templos.
como ir Tai’an Tai Shan China
Uno de los puntos de descanso.
Pingyao 188
Arriba te encontrás con restaurantes, puestos de comida en la calle y tiendas.
como subir Tai’an Tai Shan China
Primer tramo. Parece fácil.
aerea Tai’an Tai Shan China
Donde casi me rindo y vuelvo.
trekking al Tai’an Tai Shan China
Lo que faltaba. Hasta la casa roja arriba de todo y un poco más.
escaleras Tai’an Tai Shan China
Venden bastones de madera por 2 yuanes en casi todas las tiendas. Mucha gente los usa.
Pingyao 244
Finalmente arriba. ¿Y el teleférico para bajar? Si tenía que volver caminando me quedaba ahí seguro.
vista cima Tai’an Tai Shan China
Vista desde la cima.

montaña Tai’an Tai Shan China

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3 comments

  1. Muy buena la nota y espléndidas fotos! Muy bella la montaña. Vaya escalerita!!!! Realmente se necesitaba coraje para subirla. Adelante, querida, que el mundo es tuyo. Incluida Argentina y su capital.
    Exitos!!!! Y que el señor te tenga en la palma de su mano

  2. Que loco que los occidentales seamos producto de fotografías! Como cuando nosotros queremos sacarle a los Coyas vestidos en sus prendas originales…me impresiona la verdad.
    Veo que aunque te canses de la comida de la calle hay mucha variedad de frutas y verduras, a darle a eso!! (Así no te quedás sin vitaminas para seguir subiendo y subiendo)
    Lo del pozo en vez de inodoro; te referís a una letrina? En la facultad de Medicina todavía quedaban baños con letrinas cuando me recibí, quizás aún están y te puedo llevar a conocerlos para que les pierdas el miedo jajaja. Letu y yo tuvimos que usarlos bastante seguido, a veces no queda otra!
    El sabor de pan era a Ostia?
    Besos!

    • Jajajajaja, sisi Ostia. Un lector me escribió en privado lo mismo riendose… es una palabra corta que nunca me acuerdo. Y nunca había visto una letrina! Pensé que era sólo para hombres. 😛 Todos los días se aprende algo distinto. Iré a la facultad a testear si están más limpitas pero lo dudo.

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