La Sainte Chapelle, mi rincón favorito de París

UN RINCÓN DE ARCOIRIS

Mi abuela me había recomendado ir a una iglesia gótica muy cerca de Notre Dame, que estaba un poco escondida detrás de otras construcciones. Pregunté por ahí, pero nadie parecía conocerla y todos sabemos que las fotos en Google suelen mentir más de la cuenta. Mamá se acordaba vagamente de su encanto, lo suficiente para contagiarme las ganas de hacer el esfuerzo de caminar varios kilómetros con algunos grados bajo cero.

Era ese día del mes donde los museos eran gratis así que aproveché desde temprano para salir a recorrer todos los que pudiera. Mi bajo presupuesto no me permitía entrar a ninguno de ellos y apenas tomar un café una vez al día.

Me acordé después de varias horas de la Sainte Chapelle y, como estaba cerca y todo lo que no conoce la mayoría me da curiosidad, decidí ir. En ese momento no había investigado mucho y no sabía su conexión con las reliquias de Jesús ni con los reyes. Para mí era una iglesia más entre las tantas que tenía en la lista. Notre Dome no me había encandilado (pocas construcciones humanas lo hacen) y tampoco esperaba que lo haga esta.

La entrada no me decía nada: moderna, con policías, un pase de seguridad y un patio interno que daba a la puerta principal de la iglesia. Las iglesias góticas de por sí me gustan mucho más que las de otros estilos, aunque seguía esperando un interior lúgubre en el que temer el doloroso infierno si no aportabas suficiente dinero a dicha institución.

La planta baja era oscura, aunque sus techos, entre azules y dorados, estaban decorados con esplendor.

La poca gente que había se dirigía a una escalera en forma de caracol muy pequeña y donde no entraban dos personas. Había que esperar que una bajara para que otra pudiera subir. Corrí y uní mis pasos cuesta arriba a los de un señor que había logrado su turno.

Esos momentos de espera para mí son siempre sublimes. Me hacen sentir en el País de las Maravillas. La escalera en caracol con las paredes que susurran, demasiado bajo para tu oído, lo que vendrá después. Momentos de expectación, de suspenso. Momentos de explorador.

Las escaleras terminaron, pero el hombre se quedó parado justo en la salida sin dejarme ver. “¡Señor!”, pero tardó un rato en reaccionar. Cuando se corrió a un lado, entendí por qué. Los hermosos techos góticos pasaron a segundo o tercer plano. La habitación era angosta y alargada y la luz me cegó por unos segundos. Todas las paredes estaban cubiertas de vitrales con historias, hasta alcanzar el altísimo techo. La luz de la tarde se filtraba formando juegos de colores en el aire, de un lado y del otro. No se parecía a ninguna iglesia que hubiera visto en vida. Era más bien un sitio donde me imaginaba a las hadas jugando, digno de un castillo de elfos.

Quizás los arcoíris que flotaban a mi alrededor jugaban con mi mente. Quizás. Lo cierto es que sentía paz y magia. Sentía que quería prolongar ese momento por siempre mientras caminaba entre las luces y las traspasaba con los dedos. “Este lugar sí es digno de un dios”, pensé. Fue uno de los pocos momentos donde quedé boquiabierta con algo hecho por el hombre.

Años más tarde volví en verano. Había un mar de gente y ruido, pero la sensación de ahogo no me venció gracias al recuerdo de los arcoíris. Esta vez no había arcoíris y había una enorme puerta abierta para evitar el congestionamiento en la escalera. Así y todo, podía imaginarme la Sainte Chapelle cerrada y en silencio con la luz de la tarde filtrándose por los vitrales. Un pequeño pulmón de pausa e introspección en una ciudad de camisetas “I love Paris”.

HISTORIA DE LA SAINTE CHAPELLE

El rey Luis IX adquirió a través de Balduino II (último emperador latino de Constantinopla) reliquias del martirio de Jesucristo. En 1.241 fueron trasladas a Francia la corona de espinas, parte de la cruz, el hierro de la lanza y la esponja. Se guardaron provisionalmente en la Capilla de San Nicolás mientras se construía la Sainte Chapelle que fue consagrada en 1.248.

Gracias a las reliquias, Luis IX logró posicionar a París como la segunda capital de la cristiandad; trayendo poder y prestigio a su corte.

La Saint Chapelle fue destinada para proteger las reliquias, pero también como capilla real, construida dentro del palacio en la Isla de la Cité. El clero de la nueva capilla no dependía del obispo ni de otras parroquias. Recién en 1.273, el Papa unió de forma oficial al clero de la Santa Capilla a la Santa Sede.

Se cree que el proyecto lo llevó a cabo Pierre de Montreuil y es considerada una obra maestra del gótico radiante. La capilla inferior estaba destinada al personal del palacio y la superior a la corte del rey. Las reliquias se encontraban en la superior pero después de la revolución se las guardó el Tesoro de la Catedral de Notre Dame.

El techo de la capilla inferior soporta todo el peso del edificio, en conjunto con sus columnas. Consta de tres naves con decoración policromada.  Las columnas azules están decoradas con flores de lis (símbolo de la realeza francesa) y las rocas con castillos de oro (símbolo de Castilla, lugar de proveniencia de la madre del rey). En el ábside izquierdo se encuentra el fresco de la Anunciación (siglo XIII) que es el mural más antiguo de París.

La superior tiene una nave de 20 metros de altura con pilastras que sostienen estatuas de cada uno de los apóstoles. Las paredes son, en realidad, 15 enormes vidrieras policromadas de más de 15 metros de alto con 1.113 escenas que cuentan la historia de la humanidad desde el Génesis hasta la resurrección de Cristo. El rosetón de nueve metros de diámetro colocado en el lado Sur representa el Apocalipsis.

 

CÓMO LLEGAR A LA SAINTE CHAPELLE Y PRECIO DE ENTRADA

Situada en la Isla de la Cité, la estación de metro más cercana es Cité de la línea 4. También llegan las líneas de autobuses 21, 27, 38, 85 y 96.

Puedes comprar aquí el ticket para la Sainte Chapelle y aquí el ticket para la Conciergerie + Sainte Chapelle.

El horario depende de la época:de 9:00 a 17:00 desde el 2 de enero hasta el 31 de marzo,de 9:00 a 19:00 desde el 1 de abril hasta el 30 de septiembre, de 9:00 a 17:00 horasdesde el 1 de octubre hasta el 31 de diciembre.

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4 comments

  1. Que hermoso relato, me transporte a ese lugar. Me encantó la frase » de tan cerca parecíera que las paredes susuraban en los oídos » es para que comiences a escribir un cuento con esa frase. Me encanto . Abrazooosss

  2. muy lindo volver a leerte y reencontrarte
    cariños aldo

  3. Muy bueno el reportaje Guada, aunque te soy sincero prefiero el París de 1967 donde la gente es cierto algunos no todos encontrabas esquinas sobrias con menos moros y más parisinos pero también comprendo que los tiempos cambian, espero que encuentres tu Saint Grriale y que disfrutes esos momentos, saludos a la distancia

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