GUÍA DE PARÍS FRANCIA

DISIMILERÍAS PARISINAS

Fui dos veces a París y las dos por varios días. Sin embargo, la que queda en mi mente es la primera vez que recorrí sus calles. Fue en un invierno duro incluso para los locales. La ciudad parecía estar vacía a comparación de las multitudes que se amontonan en verano. Los días transcurrieron entre horas de esfuerzo a la intemperie con el afán de llegar a conocerla y las irreales historias que ocurrían entre cada rechinar de dientes. Hasta podría decir que ella, seductora y misteriosa, entra dentro de esos frasquitos rotulados con la leyenda “tan extraña que aún sigo intentando entenderla”.

Amé y odié París en invierno. Casi toda la ciudad la hice a pie y de café a café. Ese frío intenso que me calaba los huesos, las chocolatadas que me revivían (las mejores que probé en mi vida y las más caras), callejuelas de piedra en zigzag que me sorprendían una y otra vez repletas de cafés con gente que se sentaba mirando a los caminantes, y las pequeñas librerías de libros usados en las que podía tomarme recreos de horas. También las calles atestadas de turistas y de negocios de camisetas “I love Paris” de las que intentaba huir cada vez que me topaba con alguna… París es de esas ciudades para salir a caminar sin rumbo, de esas que no te defraudan mientras no estés en temporada alta.

Es imposible describir París en tan pocas palabras, podría pasarme el día entero hablando de ella. Sí, de ella y no precisamente porque el sustantivo “ciudad” sea femenino. París para mí tiene actitud y encanto de mujer.

Me hospedé en la casa de un amigo de una amiga de mi mamá (¿o de mi abuela?) que había estado en la Legión Extranjera. Era titiritero y entre las obras y la pensión de desempleo se mantenía bien. Aparentemente lo llamaban de distintas partes de Europa para que lleve su arte. No puedo decir si era increíble o no, porque no pude asistir a una presentación.

No sé si saben de la legión, pero la combinación de ex mercenario con titiritero me parecía descabellada hasta que le conocí. Tenemos el afán de añadir cientos de rótulos apenas contamos con un poco de información. En este caso, los tuve que romper todos y comenzar de cero el arduo trabajo de entender el carácter de una persona y cómo puede ser tantas cosas en apariencia disímiles entre sí.

Sus hijas vivían con sus respectivas madres, así que en cierta forma estábamos solos en la casa aunque desde las 7 pm hasta muy entrada la noche siempre contábamos con visitas del ambiente intelectual. Conocí una escritora búlgara, dos pianistas que tocaban en lo que sería el teatro Colón de París, un escultor argentino y otras personalidades. París aún hoy es un magneto para artistas de todo tipo y puedes encontrar los personajes más fascinantes agolpados frente a sus chimeneas con un vaso de vino y una tabla de quesos y chocolates.

El departamento era en un primer piso de un edificio muy antiguo con puertas muy pesadas talladas en madera. Apenas entrabas te encontrabas con un pasillo que comunicaba, a la derecha, con la cocina, el baño y la habitación de una de las hijas (a la que nunca entré); y a la izquierda, con dos dormitorios. El primero era el mío. Tenía una chimenea que no se usaba, una cama de una plaza y títeres por doquier.

La segunda habitación hacía a veces de dormitorio, a veces de living. A la derecha había un escritorio con la PC justo debajo de un entrepiso que no era tal, sino la cama. A mitad del salón te encontrabas con sillones, butacas y la concurrida chimenea.  Por las noches se apagaban las luces, se ponían velas y se tomaba vino con tablas de quesos, maní con cáscara y chocolates, mientras se hablaba de filosofía y tópicos trascendentales de la vida.

Uno de los pianistas se hizo amigo mío. Me había ido a dormir temprano porque el anfitrión no hablaba inglés y tampoco permitía que ninguno de los invitados lo hablaran conmigo. Acostumbrada a personalidades egocéntricas, supuse que la mejor opción era descansar. Sin embargo, todos los abrigos estaban en mi habitación así que uno a uno los invitados entraron para retirar sus pertenencias. El pianista, al darse cuenta que no me sentía del todo cómoda allí, me dejó una nota debajo de la almohada con su número de teléfono mientras dormía.

Recuerdo una tarde que lo visité en su departamento. Tenía un hermoso piano alemán que le daba mucha vergüenza tocarlo porque “no era lo suficientemente bueno”. Para él no era suficiente y para mí hubiera sido un sueño tener un piano así al menos por un año.

Le pedí innumerables veces que saliera a recorrer conmigo, pero practicaba 7 días a la semana durante 8 o 10 horas por día sin excepción. Admiraba su determinación, aunque jamás cambiaría mis cárceles mentales por las suyas. ¿Seré tan inflexible también? Conocerle me hizo pensar sobre mis propias rigideces.

Fue la primera vez que me escuchó hablar sobre ropa. Me había comprado unas botas muy de bruja (eran baratas, si es excusa), de esas que son bien en punta y con todo ese simil cuero arrugado a los costados. Era feliz saltando de un lado a otro con los pies al fin calientes. Me miró serio y, con esa cara de asombro tan común en un niño de tres años, me dijo en inglés y con su acento norteamericano: “Es increíble como puedes ser tan profunda e inteligente y a veces tan superficial”. Largué una carcajada y le pregunté: “¿Pero con tus amigos hablas solo de cosas intelectuales e importantes?”. La respuesta era obvia. Le comuniqué lo aburrida que era la idea de solo pensarlo. A mí déjenme mis banalidades intactas. Pero los extremos son tan parisinos que no me extrañaba en lo más mínimo. Ya estaba empapada de la seriedad del mundo intelectual y de la superficialidad y la importancia que se le daba a la apariencia en otros grupos. ¡Que aburrido ser una sola cosa! Y me reí pensando en mis rótulos rotos con el titiritero.

Unas horas antes, camino a su casa, paré a un chico en la calle para preguntarle cómo ir al metro. Caminaba rapidito con su saco largo de corte inglés de Zara y su bufanda gris tapándole la cara. Paró en secó, pensó un segundo y me hizo señas para que lo siguiera. Nos metimos juntos en la boca del metro y, al ver que no tenía la más pálida idea de cómo llegar a destino, se desvió un poco y me acompañó un trecho. Quedamos en vernos al otro día en el arco del triunfo. Como conté en Hospitalidad Parisina, terminamos siendo amigos. No supo nunca decirme qué eran los monumentos que le señalaba y siempre terminaba con mi librito en mano buscando por barrio a cuál foto se parecía más. Muchos años más tarde, la segunda vez que caí en París, me quedé unos días en su casa.

Los jóvenes parecían ansiosos de practicar inglés y cada vez que me intuían extranjera se acercaban a hablarme. El único que recuerdo fue una historia un poco ridícula: un parisino que pasó un par de horas conmigo con la excusa de ayudarme pero que terminó preguntándome cuán bien beso del 1 al 10 porque él era un 10. Nuevamente largué una carcajada, lo miré pensando que estaba bromeando, pero no: lo decía en serio.

Esas calles que vieron tantas historias de reyes y mosqueteros como de revoluciones son para mí un enigma con un sinfín de historias interesantes y ridículas esperando que te descuides para agarrarte por sorpresa. Me dirás que en todas las ciudades hay de todo, pero nunca me llevó tan poco tiempo encontrar gente tan peculiar. Siento que en París se viven los extremos más intensamente. Quizás fue sólo mi suerte. Soy un imán para historias bizarras y no tan bizarras, pero historias que contar al fin.

QUÉ VER EN PARÍS

Siempre recomiendo los free tours porque, al ser a la gorra, los guías los hacen apasionantes. Además también me gustan los atípicos, que sería difícil investigar sola. Algunos para recomendar son: free tour por París, free tour de misterios y leyendas de París y el tour de las mujeres ilustres de París.

Mis favoritos e imperdibles de París “despeinados al viento del Siena” (o desordenados que queda menos poético):

  • Sainte ChapelleEmpiezo por mi favorita y la que extrañamente mucha gente se saltea, quizás por su escondido acceso. Se encuentra enla Île de la Cité, y es una obra maestra de la arquitectura gótica. Fue construida para guardar las reliquias del rey San Luis de Francia. La capilla inferior es muy linda, decorada con columnas azules, rojas y doradas con flores de liz y castillos adornándolas. Lo que te va a impactar es la capilla superior, diseñada para el rey y su corte. Subís por una escalerita en forma de caracol por la que no pasa más de una persona y de repente te quedas congelado con la vista. Te encuentras con una habitación rectangular de techos muy altos con arañas colgando sacadas de un castillo de cristal y en todos sus lados vitrales relatando historias bíblicas por los que se filtra la luz y forman un extraño efecto de colores en el aire. Esta iglesia es una de las cosas por las que me gustaría volver a París. Un minuto de contemplación en este lugar que me deja flotando en un mundo de cuentos. Si quieres comprar el ticket por adelantado y saltarte las colas de espera lo puedes hacer aquí.

  • La Conciergerie: Situada en la Isla de la Cité, fue la residencia real entre los siglos X y XIV. En 1392 se convirtió en una prisión tanto para pobres como para personajes célebres de la época. Dentro hay una reconstrucción de la celda de María Antonieta, que murió en la guillotina en 1793. También se puede ver las diferencias de condiciones para los presos de distintas clases sociales. Puedes reservar una entrada sin colas o la entrada de la Conciergerie más la Sainte-Chapelle que se encuentran en en el mismo sitio. Horario de visita: todos los días: de 9:30 a 18 horas.
  • Île de la Cité (isla de la Cité):Es donde los Parisii se instalaron y fundaron Lutecia; donde nació París. Es la isla más grande del Sena (26 hectáreas) y alberga el punto cero, la Conciergerie, la Sainte Chapelle y la Catedral de Notre Dame. En la plaza Louis-Lépinese encuentra el mercado de flores. La isla tiene ocho puentes que la comunican con la ciudad. El Pont Neuf es el más antiguo de París.
  • Río Sena: El Sena atraviesa la ciudad formando algunas islas como la Île de la Cité y la Île Saint- Louis. No se a vos pero a mí las ciudades con ríos me tranquilizan, en general les otorga otro ritmo y bastante más romanticismo. El Sena se ganó el premio, para muchos, como uno de los paseos más románticos del mundo. La mejor forma de recorrer el río, ver esta parte de la ciudad iluminada y atravesar sus antiguos puentes es reservar un paseo en barco por el Sena.
  • Notre-Dame: Ésta catedral de estilo gótico es una de las más antiguas y supuestamente bellas del mundo. Fue inmortalizada en innumerables obras, quizás siendo la más recordada “El jorobado de Notre-Dome” de Victor Hugo. Sobre las puertas de la fachada, se encuentran 28 estatuas que representan a los reyes de Judea e Israel. Rodeada por las aguas del Sena, recibe millones de visitas anualmente. Sinceramente, no me dejó atónita y hasta podría decir que me aburrí rápidamente. Quizás se deba a que visité la Sainte Chapelle Lamentablemente a consecuencia del trágico incendio del 2019, el edificio sufrió daños graves.
  • Torre Eiffel: Fue inaugurada en 1889 y terriblemente criticada siendo acusada de arruinar el paisaje parisino. Hoy es uno de los sitios más famosos del país. Particularmente, a mí tampoco me gustó mucho esa torre metálica y sucia pero ya entró en el imaginario colectivo como el símbolo nacional. Si no vas a subir aconsejo verla de noche cuando está toda iluminada, ahí sí tiene un no sé qué. Las entradas es mejor comprarlas por internet para evitar las largas colas que se forman (¡más en invierno!) y también puedes subir a pie. No hay límite de tiempo para quedarse. Puedes ver el atardecer en sus alturas y apreciar cómo se ilumina lentamente la ciudad. También puedes optar por una visita guiada.

  • Les Deux Magots: Si eres de los que les gusta pisar el mismo suelo que los personajes históricos, este café desempeñó un papel importante en la vida parisina. Aquí se solían encontrar escritores y artistas como  Paul Verlaine, Rimbaud, Picasso, Hemingway, Sartre y Sabato, entre otros.
  • Les Champs-Élysées (Campos Elíseos): Llamada la plus belle avenue du monde, es la avenida más famosa y elegante de París. Tiene casi dos kilómetros y va desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia. Su nombre recuerda al equivalente del paraíso en la mitología griega y si bien no le hace justicia, está cerca. Es la zona más cara y exclusiva para ir de compras exhibiendo marcas como Cartier y Dior, y restaurantes de lujo. Por más que no compres nada vale la pena recorrerla y sentarse un rato a ver la gente pasar. Aquí muchas personas se me acercaron para practicar su inglés al verme tan turista con mi mapa enorme. Es uno de esos lugares que atraen a gente de todo tipo.
  • Montmartre: Situada en una colina de 130 metros de altura, solía ser el barrio bohemio por excelencia en el siglo XIX. Artistas como Picasso, Modigliani, Maurice Ultrillo, Paul Gen, y Erik Satie vivieron allí. Se formaron asociaciones artísticas en las que participaron Van Gogh, Matisse, Pierre Renoir, Degas Gen Paul y Pierre Brissaud, entre otros. Ahora es un lugar turístico más, pero con mucho encanto. Pareciera estar dividida en dos mundos diferentes: el primero debajo de la colina está repleto de cabarets entre los que destaca el renombrado Moulin Rouge(Molino Rojo). El segundo se descubre a medida que se comienza a subir. Un ambiente bohemio se respira alrededor de la Place du Tertre, repleta de pintores y artistas. Recuerdo haber visto dos brasileros practicando capoeira a cambio de donaciones. París sorprende con la cantidad de inmigrantes y la diversidad de culturas que alberga. Me dio la sensación que la mayoría tiene relación con el mundo artístico. Una buena opción para recorrer este barrio conociendo su historia y anécdotas es reservar este tour gratuito por Montmartre con guía en español (es a la gorra) y no te olvides de visitar el mítico cabaret de París: el Moulin Rouge.

  • Basílica del Sacré Cœur: En Montmartre, con sus escalinatas repletas de gente disfrutando el día y su impresionante vista de París desde las alturas. La colina la subí en moto y recuerdo haber pasado por una plaza pequeña (Place Marcel Aymé) perdida por ahí que tiene una escultura de Jean Marais llamada Le Passe-MurailleSu nombre hace alusión a un cuento deMarcelAymésobre un hombre llamadoDutilleulquepodía atravesar paredes.La escultura en sí es la representación de un hombre atravesando un muro, mitad con el cuerpo perdido dentro de las rocas. Como si ese muro fuera un portal que te traslada de un lugar a otro, no un simple muro atravesado. Que linda es la idea. Quisiera tener en casa una pared-portal que pudiera programar para que me lleve a pasear al país que desee. París lo elegiría en verano. Creo que muchos se suman a la idea. Si te interesa saber más de la basílica y sus alrededores puedes hacer el tour guiado por menos de 8 dólares. Horario de visita de la Basílica del Sacré-Coeur: todos los días de 6 a 22:30 horas.
  • Barrio Latino: El nombre se debe a los estudiantes de la Soborna que en la Edad Media hablaban latín.Se trata de otro barrio histórico para perderse. En su Panteón descansan los restos de personajes ilustres como Voltaire, Victor Hugo y Marie Curie. También puedes visitar la plaza y la fuente de Saint Michel, la Iglesia de Saint Sulpice y la famosa librería de Shakespeare & Company donde te perderás entre libros viejos, rincones (¡ojo con el gato!) que te transportan al pasado y las melodías del piano cuando a alguien se le ocurre tocarlo. Además ofrece una de mis cosas favoritas: Un tour gratuito para poder saciar todas las preguntas que se te ocurran (a la gorra).

  • Jardines de Luxemburgo: Uno de los espacios verdes más bonitos dentro de París y un poco de aire puro para los amantes de la naturaleza. Se encuentra frente al Palacio de Luxemburgo. Los parisinos suelen hacer picnics en verano e ir a escuchar conciertos en vivo. Durante mi segundo viaje me gustaba tirarme a disfrutar de un buen libro cerca de la Fuente Médici del siglo XVII.
  • Arco del Triunfo: Construido entre 1806 y 1836 por Napoleón, su finalidad es recordar la batalla de Austerlitz. Fue inspirado en el Arco de Tito de Roma y tiene 50 metros de alto por 45 de ancho Allí está también la Tumba al Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial. No soy fan de los arcos de triunfo, pero sí de las vistas aéreas y desde su mirador puedes tener las mejores de los Campos Elíseos. Puedes reservar la entrada para evitar la fila con antelación. Horario de visita: todos los días de 10 a 23 horas.
  • Campos Elíseos: Con la palabra “campos” te imaginas un parque, pero en realidad es una amplia avenida de dos kilómetros que une la Plaza de la Concordia con el Arco del Triunfo. Aquí se encuentran las tiendas más lujosas de París, restaurantes internacionales y algunos edificios históricos. En la Plaza de la Concordia, fueron ejecutadas más de 1.000 personas durante la Revolución Francesa. Hoy en día se encuentra allí un obelisco egipcio de más de 3.000 años de antigüedad.
  • Le Marais: Sus calles de adoquines, galerías de arte, callejones, mansiones y rincones, te transportan al antiguo París. Aquí encuentras la plaza más antigua de la ciudad (Plaza des Vosges) y la casa deVictor Hugo. Se trata también del barrio gay y del de la comunidad judía. Sin duda tiene combinaciones interesantes.

  • Catacumbas: Se trata de 300 kilómetros de túneles y cámaras subterráneas a 20 metros de profundidad con esqueletos de más de 6 millones de personas. Solo están abiertos al público 800 metros con esqueletos de diferentes épocas. Resulta interesante ir con un tour para enterarte más de la historia. Horario de visita: acceso de martes a domingo de 10 a 19:30 horas.
  • Torre Montparnasse: Se trata de un edificio de oficinas de 210 metros con un mirador en la planta 56 y una terraza de cristales en la 59. ¿Por qué ir? Tiene las mejores vistas panorámicas de 360 grados de todo París. Cobran entrada. Horario de visita: todos los días de 9:30 a 23 horas.
  • Los Inválidos: El Palacio Nacional de los Inválidos fue construido a finales del siglo XVII en un estilo barroco como residencia para los veteranos de guerra que no tenían hogar. Actualmente el museo del Ejército, la Escuela Militar, el Hotel de los Inválidos y el sarcófago con las cenizas de Napoleón Bonaparte. Horario de visita: todos los días de 10 a 18 horas excepto por el primer lunes de cada mes.
  • Galería Choiseul y la Galería Vivienne: Se trata de dos pasajes comerciales de París construidos en el siglo XIX. Suntuosamente decoradas, son desconocidas para la mayoría de los visitantes de la ciudad. La Galería Vivienne tiene increíbles mosaicos y cristaleras a lo largo de las boutiques de moda.
  • Ópera Garnier: Fue construida e inaugurada en 1875 a pedido de Napoleón. De estilo neo barroco, fue de inspiración para El fantasma de la ópera. A mí personalmente me encantan las óperas, los teatros, la música y el ambiente. Este es especial con sus lámparas acristaladas y mosaicos, el mármol y los dorados. Su escalera de mármol es emblemática (googléala y entenderás por qué). Puedes comprar entradas para visitarla aquí.
  • Galerías Lafayette: Es un centro comercial pero, aunque no te gusten, vale la pena por su hermosa arquitectura art nouveau. Parece un enorme teatro de luces, dorados y arcos. Tiene 7 plantas circulares con una enorme cúpula de colores central y vistas de la ciudad desde la azotea. Quizás prefieres una visita guiada. Horario de visita: de lunes a sábado 9:30 a 20:30 horas y domingos de 11 a 19 horas.
  • Museos de París: El arte inunda la ciudad y los museos también. Te gusten o no, seguramente escuchaste hablar de muchos de ellos. No son a donación como en otros lugares. A veces, para conseguir descuento, tienes que ser estudiante de la unión europea, sino no lo toman como válido. También, si tienes menos de 18 años o eres menor de 26 pero con pasaporte de la unión europea la entrada es gratuita. A todos los que no entran dentro de estas descripciones les conviene comprar la tarjeta París Pass. Hay que tener en cuenta que una vez activada los días son consecutivos por ende conviene siempre activarla por la mañana. Entre los mejores museos que ver en París se encuentran el Museo de Orsay con obras maestras de Monet, Renoir, Cézanne y Van Gogh; el moderno Centro Pompidou con su arquitectura diferente y con obras de Picasso, Kandinsky, Matisseo y Miró; La Orangerie, antiguo invernadero de naranjos, donde puedes encontrar Los Nenúfares de Monet, entre otras obras. También, el Museo del Louvre, uno de los más importantes del mundo, que fue inaugurado a finales del siglo VIII. Alberga La Gioconda de Leonardo da Vinci, la Venus de Milo y el Escriba Sentado del antiguo Egipto. Además, en 1989 se construyó una pirámide de cristal en el centro de la plaza, que actúa como entrada, y que merece la pena ver de noche iluminada. Puedes comprar la entrada sin colas o la visita guiada.

  • Palacio de VersallesPor último, este palacio que está fuera de la ciudad pero que no te lo puedes perder. Pocas cosas me sorprenden como la belleza de sus 800 hectáreas de jardines. Se encuentra a 23 kilómetros de París y se puede ir con tren. El palacio fue la capital de facto durante varios períodos y residencia real. Es Patrimonio de la Humanidad y además de ser famoso por su historia y sus jardines, también lo es por sus estancias como la Galería de los Espejos. En 1919 aquí se firmó el Tratado de Versalles, poniendo fin a la Primera Guerra Mundial. Puedes visitarlo por tu cuenta, pero también en un tour organizado con transporte incluido o en un tour organizado en tren (mucho más barato y no te pierdes). Yo fui sola en tren, pero recuerdo que no me resultó tan fácil sin hablar francés. Quizás ahora con más experiencia sería diferente.
  • Perderte por las calles de cada barrio. Así descubrí increíbles cafés antiguos, estatuas que me llamaron la atención, una chocolatería con mamushkas gigantes, las mejores librerías de usados y las mejores anécdotas del viaje.

ALGUNOS CONSEJOS:

  • Movilidad: Manéjate en subte (metro) o a pie. Es la forma más rápida, barata y la que te permite llevarte sorpresas inesperadas (de las buenas). Además, las estaciones de subte son muy lindas y van tanto por arriba como por abajo dependiendo de la estación. No hay lugar de París que quede lejos con transporte público.
  • Entradas: A veces, para conseguir descuento, tienes que ser estudiante de la unión europea, sino no lo toman como válido. También, si tienes menos de 18 años o eres menor de 26 pero con pasaporte de la unión europea la entrada es gratuita. A todos los que no entran dentro de estas descripciones les conviene comprar la tarjeta París Pass que te deja pasar a un montón de atracciones y museos. Hay que tener en cuenta que una vez activada los días son consecutivos por ende conviene siempre activarla por la mañana.
  • Armá bien tu presupuesto, es una ciudad muy cara sobre todo para las comidas.
  • Recomendación culinaria: Recomiendo las croissant rellenas con chocolate. Increíblemente ricas. Y por supuesto, el chocolate caliente, los quesos, el vino y las fondues. Los quesos te los envuelven al vacío para el aeropuerto. Las baguettes son diferentes que las nuestras y puedes encontrar gran variedad. A veces me despierto en alguna otra parte del mundo extrañando la comida de esta capital. Buen provecho.
  • Sobre el idioma: Nunca está de más aprender algunas palabras en francés para poder pedir disculpas, dar las gracias o simplemente decir que no hablas francés. Y prepárate para el lenguaje por señas ya que mucha gente no habla otro idioma más que el suyo o decide no hacerlo lo que lleva de nuevo a las señas. Por otro lado, si estás con un gran mapa solo/a mirando para todos lados, es posible que se te acerquen personas que quieren practicar su inglés.
  • Pronóstico del tiempo: Siempre mira el pronóstico del tiempo antes de salir porque es cambiante y puede hacer mucho frío o calor.
  • Ten cuidado con los autos y las motos, los parisinos manejan como el…. 😛

Algunos descuentos que te pueden ayudar en tu viaje:

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2 comments

  1. Martin Victor Insaurralde

    Hermoso relato Guada. Por un rato anduve paseando por París! Supongo que seguís en Buenos Aires, imaginando que estás imaginando tu futuro..Será?Te mando un beso!

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