Ernestina, la oveja

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Hay que saber apreciar la soledad, dejar que te rodee y te cuente sus secretos, aprender a no estar solo con ella. Pero como todo, cuando se vuelve promesa de eternidad y te abandona tu propia compañía, hay que tener una puerta de escape. Porque nunca hay que permitirle que te haga sentir solo. Supongo que el amor lejano te hace eso, quieres compartir todo y cuando no puedes, tus defensas te abandonan, la soledad te abraza; y, sin darte cuenta, en un segundo la respiras. Te vuelves ciego; sabiendo que la belleza esta ahí, la buscas a tientas, y no la encuentras. No solo tienes lágrimas de soledad: ya no puedes compartir contigo el mundo, ya no puedes ver, escuchar, ni sentir nada bello. Los sentidos, en tu descuido, se fueron de paseo. Y necesitas de alguien que te ayude a buscarlos, que comparta contigo como antes tú lo hacías. Y cuando el guía no esta, no hay bastón que ayude porque ya no hay caminos de ti al mundo. Quizás por ello llora, quizás por ello su seño fruncido.

 

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4 comments

  1. Me gustan mucho tus poemas Guada. Son un pedacito de nuestros sentires. Gracias por compartirlos.

  2. Uf! «nunca hay que permitirle que te haga sentir solo» Grandes palabras de un pequeño texto Terrible desafio para ese oponente tan grande!

    Has vuelto a sorprenderme gratamente Guada!!! 🙂

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