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Entre locales – Pensamientos de un día de viaje

Finalmente aterrizada en Flores (Indonesia) me dispuse a salir del aeropuerto caminando ya que mi presupuesto no me permitía un taxi. Un hombre en moto me dijo que me llevaba a la estación de buses por 10 mil rupias. Aún no había comido y estaba muy cansada por no haber dormido demasiado la noche anterior en el aeropuerto de Bali. Lo pensé dos veces.

Es extraño tener que meditar en si es conveniente gastar un dólar por no caminar con 24 kilos encima cuatro kilómetros. Ocho meses atrás no lo hubiera dudado. Solía ser una niña mimada de ciudad que así y todo vivía sin demasiados lujos ahorrando para las próximas vacaciones y el pago mensual de la universidad. Hoy un dólar significa una o dos comidas. En mi país con ese dinero pagás dos viajes en subte. Los precios y los costos de oportunidad cambian tanto cuando pasas esas líneas imaginarias llamadas fronteras.

Mi presupuesto es bajo así que generalmente decido caminar pero esta vez el pie que me había roto me dolía así que me subí a la moto. Una vez en la ciudad intentó llevarme a lugares que me iban a cobrar más por el pasaje y luego a un hotel. Finalmente me cansé y me bajé. Me dijo que la estación era muy lejos. Esperaba que le pague el mismo monto por menos de un tercio del recorrido y un montón de energía gastada en explicarle que iba a dormir en la estación si el bus no salía hasta el día siguiente.

No le pagué y le expliqué pacientemente que está mal mentir así a otros. Si me hubiera dicho que me llevaba sólo hasta allí hubiera ido caminando. “Si mentís y tratás así de mal a los bule (extranjeros) van a pensar que los indonesios son mala gente y yo sé que no es así. Estás dejando mal parado a tu país, a tu gente y a tu religión.”- le dije.

Esta vez no me enojé. Mi voz denotaba cansancio. Ya no tengo energía para alterarme por este tipo de cosas. Simplemente intento hacerle ver que si piensa sólo en su beneficio le va a ir mal. La honestidad es algo que valoro y recompenso. Si me mienten no van a obtener nada de mí. Antes les pagaba igual pensando que quizás tenía un motivo para engañar. Pero luego me di cuenta que si el fin justifica los medios entonces estoy avalando un montón de atrocidades. El fin no justifica los medios. Siempre se puede intentar hacerlo de una forma moral.

Los demás moto-taxis no intentaron mentirme y se ganan la vida de igual forma. A veces siento que algunos nos ven como una gran billetera y no como personas. Muy distinta a mi experiencia en China donde me sentí mimada incluso cuando nadie hablaba el mismo idioma. La gente juzga por el color de la piel en todos los países a los que fui. Me pregunto si habrá alguno diferente.

Caminando bajo el sol las motos paraban para ver a dónde iba. Ya sabía lo que iba a pasar si me subía a una, así que simplemente saludaba y seguía mi camino.

Paré a preguntar si estaba yendo en la dirección correcta. Un chico en una motocicleta paró y me preguntó una vez más a dónde me dirigía. Le expliqué que no tenía dinero para pagar transporte. Él iba a Reuters, un pueblo a mitad de camino de mi destino. Me invitó a unirme en su viaje. Nos pusimos chaquetas contra la lluvia y emprendimos la marcha.

Cuatro horas viajando durante las cuales dos fueron bajo la lluvia. Empapada y temblando de frío ya no podía siquiera abrir los ojos para mirar la sucesión de terrazas de cultivos, montañas y nubes acariciando sus puntas. La lluvia caía tan fuerte que me dolían las piernas. Intenté pensar en mis amigos, en la playa, una chimenea, mi cama… hasta que no pude distraer más mi mente y comencé a contar los segundos. “Esto va a pasar y voy a meterme en una cama caliente disfrutándola como nunca” – pensé.

Finalmente llegamos a su casa. Me invitó a pasar la noche allí cuando vio mi cara de resfrío. Acepté contenta. Una vez cambiada y sentada bajo el fuego, su mamá me dio una… ¿Cómo explicarles? Imaginen un tubo de tela gruesa en el que te metés y podés taparte los hombros y que cuelgue o enrollara como si fuera una toalla alrededor de tu cintura. Tanto hombres como mujeres los usan de abrigo. Seguía con mucho frío así que agradecí el gesto.

isla de Flores Indonesia
Ambas mujeres paradas lo están usando alrededor de la cintura. También se puede poner colgando sobre los hombros.

La casa estaba construida con maderas y hojas secas entrelazadas. No tenía ventanas. El techo era de chapa lo que potenciaba el sonido de la lluvia. La cocina tenía una mesa de madera con dos asientos largos y ollas colgadas en las paredes. La madre cocinaba sentada en el suelo calentando la comida sobre fuego a leña. No tenían horno ni hornallas a gas.

La aldea estaba rodeada de niños. Me explicaron que no había mucho más que hacer para atenuar el aburrimiento que dormir con la esposa. Es usual casarse a los 18 y a veces incluso antes si ocurre “un accidente” que lleva a un nuevo integrante en la familia.

Mi nuevo amigo (L.) se había ido por eso y por el frío. Prefería llevar su vida a su manera y disfrutar del mar. Nada de hijos hasta no saber más sobre la vida. Su forma de llevar sus asuntos era muy distinta a lo que los demás esperaban de él. Lo vi en la cara de su madre cuando volvió para la cena borracho.

Habíamos estado cocinando con su mamá. Lo digo en plural porque intenté ayudar imitando todo lo que hacía. Ella era paciente y me dejaba hacer cosas sin decirme nada. Primero sacamos los tallos de unas hojas similares a las que cualquier árbol tiene. Luego pelamos ajos con las uñas, cocinamos todo sobre el fuego y freímos pescados. El arroz estaba listo. Le dijimos a uno de los niños que avisara a los demás mientras ponía agua a hervir para poder tomar.

viajar a Flores Indonesia
Casi sin luz y sin trípode las fotos salen movidas pero dan una idea de la velada.
cultura de Flores Indonesia
Calentando el aceite para freír el pescado. El único cuchillo disponible sobre las maderas y una vela apenas alumbrando el ambiente. Así cocinamos un día de apagón entre los tantos que suele tener la aldea.

Comimos a la luz de las velas porque había un apagón en toda la zona. Éramos siete alrededor de la mesa y otros cuatro en el piso. La madre escuchó pacientemente y reprendió a L. Todos reían.

L. se dio vuelta y me explicó que veía la vida diferente. Apenas podía modular. Le pregunté si tomaba mucho y me dijo que sí pero sin decirme el por qué. Comenzó a darme un sermón de vida que terminó en historias intentando explicarme, con sus pocos años, todo lo que se había equivocado.

Eligió quedarse con una novia francesa en vez de aceptar una oferta de ir a trabajar a Australia. Al poco tiempo su novia lo dejó para regresar a su país. Por ello decidió que de ahí en más todo iba a girar en torno a los negocios. Comenzó a salir con una anciana por su dinero pero no pudo resistirse y se gastaba la plata con una cara bonita occidental. La mujer mayor murió y él se quedó sin nada de nuevo. Comiendo y tomando comida de las ofrendas en los templos balineses, meditó sobre la perdición de la belleza y la persecución de la felicidad. Ahora había conseguido un trabajo en la costa de Flores y volvió a su casa paterna para ver a su padre que padece de Alzheimer.

Lo noté confundido y dolido. Su queja parecía girar en torno al dinero y al amor sin diferenciar demasiado uno del otro en sus relatos. Cansada, decidí quedarme para contarle lo que había aprendido. La familia y los amigos son importantes y él tenía ambos. Todos y todo se van tarde o temprano por lo que es importante disfrutar las cosas cuando las tenemos y aceptar cuando se tienen que ir. La felicidad es una forma de ver la vida, un lente para los anteojos, no algo que se debe perseguir. Está a tu disposición siempre y vos decidís si querés tomarla o llorar por lo que perdés o no tenés.

Mis palabras eran acompañadas por la profundidad que la oscuridad sobre las velas infundían al ambiente. Asintió pero me pareció que no escuchaba lo que decía. Sus amigos parecían estar de acuerdo.

Me dijo que era afortunada por poder haber visto la nieve al menos una vez. Él pedía a todos los turistas que le trajeran un poco pero le decían que era imposible. Nieve. Me llevó algunos años al pasado cuando jugué por primera vez con ella en Canadá sin importarme los 26 grados bajo cero. Tanta felicidad puesta en un copo blanco y aplastable.  Soy afortunada. Gracias a mi mejor amigo vi la nieve, conocí Canadá, Europa y me repuse de tantos dolores del corazón. Tan lejos y sin internet para decirle gracias, una vez más, por todo el cariño y el apoyo que me dio siempre. Nota mental: escribir en Word un mensaje antes de olvidar el sentimiento de inmensa gratitud.

Soy afortunada pero a la vez que la vida me daba viajes me quitaba otras cosas. Disfruté uno, lloré el otro. En perspectiva hubiera preferido que me quite menos y me dé menos también. Hay cosas que uno no decide conscientemente. Cierro los ojos y abrazo el pasado. Después de todo es lo que me trajo hasta aquí física y espiritualmente. Lo acepto. Es la única forma de no albergar dolor y vivir el presente.

Una vez más intenté explicarle que si realmente quería ver la nieve podía hacerlo. Le conté sobre bloggers de viaje que recorren el mundo en bicicleta, sobre una chica china que recorrió Europa en bici, con carpa y sin dinero. Nada está libre de sacrificios pero a la vez, a través de ellos, se llega al destino elegido. Creo que lo dejé pensando. Ojalá salga de su “zona de confort” que le está haciendo daño. A veces es más fácil quedarse sentado haciendo lo que uno conoce que salir a explorar otras posibilidades con futuros inciertos. Pero a la vez envenena el alma de dolor y sin darnos cuenta, sin motivo, nos encontramos hablándole a una extraña sobre lo difícil que es la vida y la perdición de las caras bonitas.

Me fui a dormir. La madre entró al cuarto y me tapó con una manta gruesa. Cerré los ojos con una sonrisa sintiendo como mi cuerpo tomaba nuevamente una temperatura agradable.

A la mañana siguiente me desperté a las 6:00 y L. me llevó a tomarme el micro. Quise mostrarle un gesto de agradecimiento a su mamá acariciándole el hombro. No sabía qué estaba permitido dentro de sus costumbres. Un segundo después me tiró de la mano y me abrazó como sólo una madre sabe hacer. El estar tanto tiempo sola hace que sienta, por lo general, cierta incomodidad frente al contacto físico. Esta vez se sintió completamente natural. Agradecí con la mirada, una sonrisa y devolviendo el gesto.

Cada persona aprende cosas diferentes y ve el mundo desde un cristal distinto. Me pregunto si el próximo encuentro será con alguien que me trae un mensaje del mundo o que necesite escuchar uno. Todos somos ángeles mensajeros y destinatarios al mismo tiempo. Esta vez, me siento con ganas de recibir una carta del cielo.

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8 comments

  1. Hermoso post Guada!

    Me encantó la historia y todo lo que te pasó con esa familia.

    Sin dudas, las cosas no pasan por casualidad sino por causalidad y estoy convencida de que esta experiencia va a ser una de las que más recordarás de tu viaje 🙂

  2. Muy bueno!!!
    «A veces es más fácil quedarse sentado haciendo lo que uno conoce que salir a explorar otras posibilidades con futuros inciertos»
    TOTALMENTE!!! que frase!!

  3. Hola Guada, llegué a tu blog buscando info sobre las banderas tibetanas y me encuentro con tu maravilloso relato… (no creo en la casualidad). Te felicito por tu valentía de salir de «tu espacio cómodo» para conocer el mundo, otras culturas, otros sueños y a la vez cumplir los propios. Espero que en tu siguiente aventura te vuelvas a encontrar con buenas personas, donde puedas seguir aprendiendo, enseñando y compartiendo a través de la web… Me encantó tu última reflexión: «Todos somos ángeles mensajeros y destinatarios al mismo tiempo».

    Buenas vibras, energia positiva y sonrisas por monton…
    Un abrazo desde Chile,
    Cuaya.-

    • Hola Claudia!! Que linda energía transmite tu mensaje!!! 🙂 Tampoco creo en las casualidades, de todo hay algo que aprender. Si necesitas algo escribime, aquí estaré. Quién sabe quién será el ángel esta vez. De a poco voy subiendo experiencias al facebook de la página, Kalimantan y su gente me miman todo el tiempo y me llenan de cariño. Espero pronto poder volver a Chile, de pequeña solía ir a Guanaqueros y tengo muy buenos recuerdos. Que tengas muy felices días, buenos vientos para ti también!!! Guada.

  4. Que linda historia y que bellas palabras! Es tan cierto lo que decís.. es tan necesario salir de la zona de confort que a uno le hace tanto daño, y cuesta.. Gracias por compartir todo esto! Me encanta leerte Guada, siento cada palabra que escribís, como si yo lo hubiera vivido! Saludos desde San Luis!

    • 🙂 Graciaaasssss Flor!!!!! Estos posts tienen tanto de mí que a veces me da un poco de temor publicarlos. Los comentarios ajenos son como un suspiro que me hacen sentir que logré comunicar lo que se estaba germinando en mi cabeza. Un abrazo grande y largo, hasta San Luis!!!!

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