Amor de prostíbulo

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Era un alemán típico. Tenía un buen trabajo en una gran ciudad, un departamento en el mejor vecindario, una vida tranquila y sin apuros. Era un hombre inteligente, de buenos modales y, por demás, hermoso. Podría haber tenido a cualquier chica de la ciudad, china  u occidental. Él prefería a las asiáticas, otra de las razones por las que se había mudado allí. Más específicamente, tenía una extraña afición por las prostitutas. “El matrimonio también es un intercambio comercial en cierto punto, pero lo que se espera del otro está menos claro y las formas son menos directas. En cambio con una prostituta sabés exactamente qué esperar y lo que va a pasar. Para ella también están claras las reglas. No hay necesidad de mentiras ni encubrimientos” – me dijo.

Hacía dos semanas que había vuelto de sus vacaciones en Bangkok y no podía dejar de pensar en esa chica con la que había pasado la última semana. La primera noche le pagó, pero al día siguiente ella no quería irse y le dijo que se quedara. La cámara del celular había sido testigo de los juegos en la piscina, los tragos con amigos y las risas diurnas. Todo cayó en sombras al volver. Intentó verse con una amiga (de esas que no lo son tanto pero que de a ratos te intercambian besos). No le dieron ganas de intentar nada.

Quería que viniera de Bangkok pero ella no quería mudarse. Decidió gastar sus últimas semanas de vacaciones para volver y definir la situación. Ya habían pasado días y sentía un agujero en el pecho. No creía que fuera amor, no podía ser. Ponerle un nombre lo transformaría en una catástrofe inminente.

El primer día allí no la vio. Era un poco ilusa y creía las promesas ajenas si decían todo lo que ella quería escuchar. Hombres que abusan de sus sueños, prometiendo fortunas y matrimonio, aparecen de vez en cuando. “Only assholes and idiots do that” – pensó para sus adentros.

Hay hombres que se enamoran y se casan pero un hombre normal no comienza con dinero. Este era uno de esos que sacaban provecho de sus mentiras para conseguir sexo más barato o sentirse menos culpable por lo que durara la estadía. O por lo menos eso se repitió intentando ponerla en el papel de víctima y no de victimaria. No hubiera sido lógico seguirla queriendo si lo dejaba por un buen tipo. Aunque su lógica a veces era un poco extraña, según le decían.

Esta vez tuvo razón y el hombre por suerte se fue a los pocos días. Ella volvió corriendo a sus brazos y a los atardeceres de hotel con amigos y copas. Una semana con ella y de vuelta a la realidad de las noches insípidas. Sólo quedaba el chat de todos los días. Gracias dios por los teléfonos inteligentes.

Así pasaron los días y se encontró sintiéndose sólo por vez primera. Tenía que pensar un plan para mudarse a Tailandia. Temía volverse loco y hacer algo muy inapropiado. Debía ser lógico. Y esa argentina que todo el tiempo le decía que “siga a su corazón” no ayudaba. Después de todo, ¿qué significa eso?

 

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2 comments

  1. Quede desconcertada! a veces pensamos tanto y nos jugamos tan poco.

    • Buenos dias! (o noches…) Si. Creo que también te da miedo cuando el otro no se la juega. Así que sigue con los viajes cada vez que puede a Tailandia… Muy loco. Pero es un amor sincero por más que lo enjaulen y no lo dejen ser. 🙂

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